jueves, 29 de diciembre de 2011

El día se levanta




El día se levanta y le sacude
 a su pozo de luz todos los grises,
va llenando de pájaros el arco
que ensancha su estatura al infinito.

La noche queda atrás y parece mentira
que no haya sido siempre como ahora:
amagos de pan crudo, riendas sueltas,
desboque de ciudades.

El reloj se estremece acobardado
con un tiempo que juega a ser eterno,
imagino su nombre, muchedumbre,
sus límites no duran,
el abajo es arriba.

El día es un desnudo más que pasa
regando transparencias.

Pastor Aguiar

sábado, 24 de diciembre de 2011

Mujer árbol




Tú sabes de maderas, la boca te florece
y enraízas volando corazón hacia adentro
como una flecha viva que embaraza a las Almas,
que anuncia primaveras y recita
las tablas de La Ley.

Todo huele distinto cuando al fin te pronuncias
desnuda en la arboleda que se deshace en frutos
desde tus ojos altos, desde tu mano leve,
porque el día es posible si alimentas
la luz con tu universo.

Cuál árbol te dejó la palabra semilla,
la sombra cabellera trenzando tomeguines,
la tendencia a ser mártir hasta cuando te asomas
como un susto en el verde, y roja pulpa:
mujer fructificada.

No tienes que decirlo, lo grita tu presencia,
la edad de tus anillos tatuados en el tiempo,
tu hembritud que delira la abundancia de un parto
donde los niños duren y morirse
signifique otra vida.

Pastor Aguiar

martes, 20 de diciembre de 2011

Cuando sea grande




Pasé de los sesenta y sigo niño.
Ya veré cuando crezca lo que hago,
quizás estudie Medicina, el arte
de ayudar a morirse por un precio.
Total, la muerte cobrará su cuota
a cada victimario y cada víctima.

Pero no estoy seguro, pues me gusta
la Biología Comparada, imaginar que un mono
pudiera ser mi abuelo dando gritos
como si fueran décimas en ramas
de tiempos por venir. Pobre Darwin,
por qué no habrás pensado en la serpiente
para explicarnos.

¡Tengo tantos deseos de ser boca en la teta!,
de olvidar los manuales, sus resacas,
los títulos de bruto en ciencias refutables.
Deseos de orinarme hasta el cerebro
y desmentir mi sombra.

El cuerpo me creció sin darme voto,
soy una trabazón de punterías
tan cerca del gatillo de aquel útero,
que tiemblo casi orgasmo.

Sesenta veces olvidándome
me parecen edades sin figuras,
aguas que no he llovido.

Pastor Aguiar


Seres




Era un hombre quizás, por decir alguien,
un cólico en el vientre de la vida
matándose a sí mismo.

Era el mundo en dos sexos, ambos polos
de la ecuación del hambre acumulada.
cada boca en la boca dando coces
para decirse Amor.

Eran todos y todas y las veces
que repite el misterio como un mantra
esta forma partida en dos mitades
anhelando sus sésamos de auxilio
a pesar de tenerse en las costillas
rescatadas del barro.

Él iba con sus peces en el rostro
y ella siendo agua lo miraba
alejarse en redondo, de regreso
al origen común.

Pastor Aguiar

Salón de espera




Soy un salón de espera que se espera a sí mismo,
soy el aplauso previo al después de la ausencia
porque habré de llegar póstumamente
a esta sala repleta de preguntas.

Es una lengua sola en medio del estrado
y un solo pensamiento el que interroga:
¿Cómo puedo ser alguien todavía
donde nunca me he visto?

Me tomó por asalto algún espejo.
La carne de los ojos, sus autógrafos
dinamitan la música: responde
la sintaxis de un grito.

Una silla en el medio se va a pique,
avanza el costillar conmigo a bordo,
ese anuncio de mí de todas formas
aunque no esté presente.

Ya no sé si tampoco, si también,
si fui muerto cien veces en la escena,
o soy la muchedumbre solitaria
haciendo de verdugo.

Pastor Aguiar