lunes, 28 de octubre de 2013

La tragedia del pan





La tragedia del pan, un pan de menos
en aquel trigo, quién dijera
que el hambre cuesta tanto, si total
al trigo como al hombre la muerte los mastica;
y nos devuelve al polvo,
a otro pan que regresa de otro trigo.

Así todo acontece, nada dura,
ni el tiempo dura, todo es sombra
de leva inexistencia.

Los rostros se suceden en un rostro,
en un pan se resumen los trigales,
simplemente el ahora se repite
en lo vacuo del cero.

Lo trágico es pensar que somos alguien
cuando alguien se va constantemente
aunque ninguna boca
le muerda el nombre.

Pastor Aguiar

viernes, 9 de agosto de 2013

El humo





Un tabaco se fuma mi discurso
y me pronuncia torre que levita
cargada de memorias ya sin nombre,
cara o cruz, da lo mismo,
disfruto dando fuego hasta a mi sombra
tan parecida a un gato.

Me elevo en partituras intocables,
en bemoles absurdos voy silueta
constantemente en otras desvistiendo
mis rostros cotidianos y los rostros
por mí desconocidos.

Esta es mi forma de soñarle alas
a un pájaro sin peso, darle un susto
a tanta gravedad: dura rutina
para quien no se atreve a ser borrado
cuando ruede en cenizas.

Pastor Aguiar

lunes, 29 de julio de 2013

Ya fui lo que estoy siendo





Esta risa que río fue llorada
y fue canto de pájaro y fue hambre
de voces que vendrían.

Esta mano que alzo lleva golpes
contra rostros pretéritos, fue aplauso
en pausa todavía y sabe cosas
como un tacto en barbecho.

Y mi sombra era sombra de poetas
malditos por mi falta de palabras;
me sigue casi perro marcando territorios
donde oscuro me olvido.

Para qué continuar este inventario
de viejas novedades sin origen,
para qué reinventarme una existencia
tantas veces vivida.

Pastor Aguiar

viernes, 5 de julio de 2013

A tientas





Esfuérzate paloma,
hiere al águila,
niega la mansedumbre siendo tigre,
jamás abajo aprenderá tu nombre
que siempre suena arriba.

Digo así por decirle al tiempo “vuela”,
por darle algún sentido a lo que duro
aunque ni yo me entienda en el levísimo
discurso de las alas.

Hay una tarde absurda por hermosa,
una flor ha gritado mordeduras
al muro del espacio,
y tanto en mi gatillo, ese tal vez
fuera bala en el verso.

A ver, paloma, vuélame un caballo
que me sienta Quijote y no me digas
si somos imposibles, si nos sueñan
esas ramas que cantan.

Pastor Aguiar