miércoles, 11 de enero de 2012

En ti duro mi vida



Estoy durando en ti, lato en tu pecho
aunque no te des cuenta: sangre tuya,
mi huella en el camino.

El aire que enriqueces lo hago pobre
de respirarte tanto y apropiarme
de ese vuelo de aves mensajeras
que dejas en la brisa.

Qué sería del mundo sin la dulce costumbre
de obedecer tus manos como música,
ese mundo pequeño donde caben
mi hambre y tus planetas.

Si no te pienso pierdo la memoria,
se me olvidan los nombres
si no te nombro con un beso
y tú respondes que me amas.

Pastor Aguiar



jueves, 5 de enero de 2012

Fotografía




Quise atrapar en una foto al grito
que había en la memoria del espacio,
el de un recién nacido que murió
equis años después,
el del vigía que avistó la tierra,
el que darán mañana los hambrientos
soñando los olores de algún trozo de pan
y el grito que padezco a cada rato
como si me llamaran
aquellos que olvidé.

Enfoqué los linderos de la tarde
donde el silencio era rojizo y hondo
como una cicatriz de pájaros absurdos,
sospechando que el ojo de la cámara
podría rescatarlos de las balas.

Tomé muchas imágenes distintas
de nubes por venir, de disparos,
de semillas a punto de ser leña
y de mi propia huída,
porque al final de tanta incertidumbre,
con tanto miedo agazapado allí
cual caja de Pandora,
me quedé en blanco totalmente,
sin fotos y sin cuerpo.

Pastor Aguiar

lunes, 2 de enero de 2012

Mejor callado




Si digo adiós me deshabito,
mi trabajo es vivir en despedida,
ahorrarme en palabras las edades
más ricas y más largas.

Callado voy de puño al instrumento,
de regreso al sonido original
donde cambio memorias por olvido,
talla y peso por notas que levitan
voceos sordomudos.

Vibro más bien, soy lo escuchado
por alguien que me sueña sin oírme
en un tiempo desnudo cuando vuela
del latido a la sangre.

Y broto más herido que ser hombre,
mi propia redundancia.

Pastor Aguiar

Esa tarde




Tan tremenda es la tarde
y tan tremendo el día que se acuesta
poco a poco en el nido del horario
que dejo de ser yo por un momento
y atardezco también.

Esa tarde que roba los sentidos
y devora los pájaros de un golpe,
parece abochornada, pero sigue
haciendo de las suyas.

Yo me siento asustado, me recluta,
me asalta con sus rojas impiedades
como si fueran todas de una vez
y una vez siempre.

Pastor Aguiar