jueves, 18 de octubre de 2012

Qué puedo hacer





No sé cantar, no sé escribir con gracia,
y me mata el deseo de hacer algo
que pague mi existencia en este mundo
al que llegué de un golpe.

Me gritaron de golpe un casi agosto,
para colmo de noche, ¿habrá dolido
tanto a mi madre el acto de crearme?

Han pasado sesenta y más razones
por mis costillas que dijera alas
tatuadas en la tierra donde muero
con la pluma en alto por si ocurre
el milagro de darme por escrito
ya que nunca me he dado.

Tanto que rezo, tanta el hambre
de palabras mías, Dios mi boca,
esta boca de sangre masticada.

Y cómo me desnudo,
dónde llevo las ropas que me ciñen,
¿será simple ilusión creerme hombre?
Sólo sé que esta carne sabe a mí
y se hace vieja poco a poco.

Me estoy ejecutando, me eyaculo
en un acto final como los héroes
sin nadie que los mate.

Pastor Aguiar

domingo, 16 de septiembre de 2012

Por si decir me alivia



Iba a decir “fatalidad del árbol”
y sucesivamente otras desgracias
como aquella del ave desvolando caídas,
o lo que duele el peso,
su golpe a la estatura aunque sea invisible
cuando a nadie ejecuta.

Iba a decir batalla, no habrá treguas
para el ojo y sus víctimas de siempre,
las formas hasta cuándo…
El hambre de la nada por la forma
en lo oscuro del ciego.

Mas la rama gozosa me detuvo,
el pájaro era Verdi en su vuelo triunfal,
mansos los precipicios, indoloros
perfumes de un caerse que si llega
soñará nuevas cimas.

Yo soy el condenado por la mente:
El simio que me inventa y me destruye
en jíbaros objetos de sustancia
ajena a la verdad.

La verdad no se dice, no hay palabras,
la luz es su silencio más allá de lo visto:
Donde mismo yo estaba sin saberme.

Pastor Aguiar

domingo, 2 de septiembre de 2012

Mis cosas





Yo también tengo mi catálogo
de cosas que dijera inabordables
como una risa griega no estrenada,
y una rosa incolora cuando sueñe
que escribí la Odisea.

En la página absurda me defiendo
de los hechos comunes, los ataques
de una vejiga llena de peces malheridos
creyéndome hospital; yo que soy tumba
por ahora desierta.

Voy contando medallas en minutos,
buenos días de gente hasta que duren,
cuadros desconocidos para mí casi Goyas
a punto de ser yo con los pinceles
en lúdico harakiri.

Pudiera hacer un inventario
de todos mis asuntos volumétricos
hasta quedarme nulo, y ya verán
si vienen los ladrones con su fama
a decir que les robe alguna prenda
para al fin completarme.

Pastor Aguiar

sábado, 4 de agosto de 2012

Estas manos como una sola




Me miro las dos manos,
son un pueblo vacío que pregunta
por algún habitante.

Les crecen ordenadas de silencio,
un ayer que fue pájaro y no vuelve,
un camino sin fondo.

Están ahí cual dos apariciones,
gritándome el final sin decir nada,
un tiro a quemarropa que se mira
en el espejo de mis ojos.

Son dos y una al mismo tiempo,
con idéntico nombre en la mirilla
a punto de aplaudirme
con sus ráfagas.

Pastor Aguiar

jueves, 21 de junio de 2012

Puente soy




Aquí estoy. Un extremo de mí no llega nunca:
Esa parte que ves y no responde
debe ser algún grito que me lanza
como hambre en la huella de una sombra.

No sé si me verás donde me veo:
Este silencio grave acumulando pasos
de sola muchedumbre sobre el río
que el salto me vigila.

Quién me rescata del abismo al muro,
quién me abre una puerta con su nombre
de pájaro suicida que en las alas
prolongue mi estatura.

Porque crezco a lo largo de la muerte,
hacia la oscuridad huérfana de senderos
con mis pies sobre el hombro, tantos hombros
que no me identifico si no siento la carga
de tantas soledades.

Y si digo aquí estoy, cual puente hablo,
ese hueco que vuela y da el aviso
de jamás llegaremos.

Pastor Aguiar

jueves, 7 de junio de 2012

“Porque en la mucha sabiduría hay mucha molestia; Y quien añade ciencia, añade dolor.” (Eclesiastés, 1:18)




A dónde llegarás sabiendo tanto,
cuál ciencia has aprendido que te salve
de lo triste, del tiempo,
de una bala a tu nombre de cenizas,
de ti mismo.

Saber lo duradero no se aprende
sentado en un pupitre.
Cada número suma compromisos,
cada historia al saberla, cobra vida
con intereses dobles.

Al fin y al cabo la memoria ciega,
los títulos oprimen, nadie dura
porque cierre los ojos.

El misterio es un duende analfabeto
que a diario te visita; es tan simple
como un pájaro blanco, una sonrisa,
la frescura del agua.

Saber es no saber, es el reposo
que duerme en las mareas.

Yo regalo mi carga a la amargura,
mis vestidos al viento los regalo.
Nada pide mi muerte
que no sea verdad.

Pastor Aguiar

domingo, 27 de mayo de 2012

El último día de de la finca




En el último día de la finca
todos se reunieron, los vivos y los muertos,
los pájaros sin aire y el camino en redondo
sin saber alejarse del abismo.

Fue el día más cabrón de la existencia,
las edades en pugna, tanta fiebre
de pronto carcomiendo los ventrículos,
y el sol un vómito de sangre absurda,
absurdo como todo en aquel antro
que fundó Maquiavelo.

La genta maldecía hasta su sombra,
las plantas eran leña sin enjundia,
animales con rabia, tronamentas
de flamígeros dientes con el hambre
en forma de piñazos.

No quedó un habitante que contara
aquel Armagedón, pozo del odio,
hermanos contra hermanos, tanta envidia
de combustible para el juicio.

Después llovió cien años, los linderos
convertidos en muros y las voces
todavía un insulto.

Pastor Aguiar